Adultos mayores rescatados de las calles con amor y solidaridad

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  “Don Panchito”, un adulto mayor (75) , por más de 10 años, hizo de las calles de la ciudad su morada. Transitaba sus días desolado, con frío y en condiciones vulnerables; como si la vida le mostrara su rostro menos amable.   Esta realidad quedará sólo en su recuerdo, puesto que desde hoy disfrutará

 

“Don Panchito”, un adulto mayor (75) , por más de 10 años, hizo de las calles de la ciudad su morada. Transitaba sus días desolado, con frío y en condiciones vulnerables; como si la vida le mostrara su rostro menos amable.

 

Esta realidad quedará sólo en su recuerdo, puesto que desde hoy disfrutará de una vejez alegre y digna. Hace pocas horas fue rescatado de la calle y recibe atención gratuita con amor, cariño y calidad, en el Centro Integral del Adulto Mayor (CIAM) del GAD Municipalidad de Ambato.

 

Así como él, otras cinco personas de la tercera edad que se encontraban extraviadas, cerca de los basurales; algunos trabajando como recicladores o vendedores de periódicos, en sectores como el Mercado Modelo y Central, fueron auxiliadas y trasladadas al mismo lugar.

 

Ellos gozarán de tres comidas diarias, una cama cálida , duchas calientes, ropa limpia, servicios médicos, terapias, actividades recreativas y formativas para que vivan el resto de sus días dignamente.

 

“Como atendemos a los niños, jóvenes y adultos, a la tercera edad también. Nos esmeraremos para que tengan una digna vejez; son un privilegio que Dios nos manda desde el cielo y tengan la seguridad que seguiremos trabajando y haciendo obras para ustedes”, indicó el Ing. Luis Amoroso Mora, Alcalde de Ambato.

 

Durante el 2015, mediante operativos, el CIAM ha rescatado a cerca de 40 adultos mayores que se encontraban desprotegidos y reinsertado a sus familias a la mayoría.

 

Ellos tienen otro semblante, evocan a la esperanza y recuerdan al amor. Dan gracias a las autoridades por brindarles un futuro mejor. ” Es extraño saber que hoy dormiré abrigado y sin hambre. Nunca pensé que alguien se preocupara por mi. Anhelo que los otros viejitos que están aquí puedan convertirse en mi nueva familia. Por ahora soy muy feliz”, dijo César Proaño de 67 años, mientras miraba al cielo.

 

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